Antagonías jónicas hereditarias

Friday, November 28, 2008

Llegaste una mañana de invierno
mientras miraba mi estampa desgarbada, dolida.
Era tarde y perdías
la esperanza tan sólo de una sola mañana
bajo el mismo rescoldo de una noche callada.

Sabías más que yo,
más que mi piel consumida de otoño,
más que yo mismo que enterraba los sueños,
más que los brazos que rodeaban el día
pálido y frío,
perdido,
seco.

Consumía los días para no recordarme.
Y llegaste prendida de nostalgias remotas
preguntando las cosas que jamás te diría

Te burlaste de las cartas en Coyoacán,
de los desayunos
y de las cervezas
que destilaban aromas de viejos alientos
arropando otra vez mi figura perdida.

Llegaste para tropezarte conmigo
para arar cosechando de los frutos ajenos,
arreglando los campos que los vientos frustraron,
para preguntarte mil veces y mil veces saberte,
y saberme y llevarme entre nubes y vientos.

Nada más en la vida hoy asalta tu historia
que se invade de días que repiten el ciclo
en la soledad de tu alcoba
cuando el invierno aparece otra vez de la nada
y te acompaña y se tiñe de carmín en tu cuerpo.
Las preguntas regresan en la aridez de las dunas,
y yo vuelvo a tus manos aunque es tarde y me alejo
y me quedo a tu lado cuando duermes y lloras

Es invierno y no llegas y me abrazas ausente
y me quedo en tus ojos que me limpian y besan.