Antagonías jónicas hereditarias

Sunday, September 11, 2011

Arrullo que no parece arrullo

Dormir no quiere,
no quiere dormir.
Mamá le suplica…
la niña Natalia
prefiere reír.

A que llegue el sol
se quiere esperar,
la luna no quiere
no quiere mirar.

La niña, la niña
no quiere soñar.

Envuelta en los brazos
capullo parece.
¿Dormir? ¡Imposible!
¿Y si no amanece?

La niña Natalia
su leche reclama.

Apaguen las luces,
silencio en el acto;
y al primer intento
desata su llanto.

La niña no duerme,
todo fue un engaño.

Corazones por dónde van

Corazones por dónde vienen,

corazones por dónde van,

las niñas no buscan amores

sus amores siempre se van.

Cuando quieren hallar amores

el cielo de rojo se pinta,

sus sueños dibujan jardines

con pétalos y aguatinta.

Con sus ojos cerrados miran,

miran el tiempo pasar,

y el tiempo en sus ojos olvida,

se olvida de caminar.

Corazones por dónde vienen,

corazones por dónde van,

siempre los mismos amores

¡ay! olvidándose de amar.

Desnudos sus pies por senderos,

sus frágiles pies al andar,

al mismo camino regresan

si no las quisieron amar.

Las niñas no buscan amores

sus amores siempre se van.

Al paso del día

En el filo de una clásica mañana,
de sol y viento nocturnal,
la luz reprende los oscuros
negros brillos, brillos negros, de la mar.

Al filo del abismo se descubre
la mañana en completa oscuridad,
con rocío y nubes blancas recubre,
de sombras y tinieblas, la ciudad.

Amanece. El día avanza.
Se retira (tras de sí las horas largas se destiñen),
bajo el peso cansado de la edad,
canas negras, desvanece,
brillos negros, negra noche, oscuridad.