Friday, October 28, 2016


Hijito mío, hay algo que admiro de ti: tu valor frente a la tristeza de los que viven en los libros. Sé que te entristeces, pero también sé que no lloras. Muy al contrario a ti, desde que leí Pedro Páramo no he dejado de vivir como si fuera los personajes de las historias y sus dolores y alegrías pesan en mi lo mismo que en ellos, es algo que nunca pude evitar. Mi mundo se ha llenado de esas sensaciones que mi alma absorbe y, a veces, el mundo donde vivo me parece un tanto ajeno por unos instantes, hasta que logro habituarme de nuevo a él, como si abriera los ojos en una habitación iluminada después de tenerlos cerrados mucho tiempo, pero ya no es el mismo, tan entintado está de todos aquellos sucesos literarios que me conmueven.

Admiro tu alegría al cerrar el libro, mantenla siempre, pero no dejes de reflexionar aquello que nos muestran las historias de otros, esas historias que no siempre podremos vivir pero que nos enseñan a ser mejores. Disfruta siempre las lecturas y nunca dejes de sonreír.

Te amo hijito hermoso, mi chaparro lindo.

Wednesday, October 12, 2016


No recuerdo haber mirado las hojas de los árboles por ti. Todo, a través de tus ojos, se llenaba de luz. Pero yo cerraba los ojos a tus ojos negándome al camino de tus grutas de sangre y sol. Sobre las ramas del sauce mirabas las hojas descansando en el aire. Me hablabas de tierras lejanas y de gigantes llamados a grandes hazañas que se petrificaban al escuchar tus palabras: truenos de órdenes doblegando gigantes. Yo cerraba los ojos y no miraba las hojas. Veía gigantes alrededor de nosotros y temblaba con ellos al unísono cuando tu voz de látigo nos inmovilizaba. Y temblaba de miedo, de feroz y despreciable miedo a la inutilidad frente a tus palabras. Miraba otras señas y otros sueños y otros parajes. Te oía lejos, cada vez más lejos, y los pasos de los gigantes me acompañaban en la huida, y tú, mujer, remolino de pasiones, bosque de infinitas ramas, tú, dadora de mieles y ardientes escalofríos, tú, delgada y frágil, tú, mujer, tan llena y cargada de encantamientos, bruja y demonio atormentando mi piel, tú, amiga mía, me devolvías al mundo lleno de una vida incomprensible, impulsiva y ajena. Y entonces no hacía más que describirte las hojas verdes, tristes, llorosas, de ese sauce que no vi nunca a través de tus ojos, que no vi nunca cayendo en tus mejillas, rojas, como el atardecer que nos llevaba a nuestras casas, olvidadas entre sí, alejadas.

Monday, August 22, 2016

Erandy modela cuerpos con el aire. Mueve los brazos al son de la música y el rastro de sus dedos marca siluetas que danzan y la siguen alrededor del cuarto, felices, felices. Erandy se inclina y levanta, salta y el aire la mantiene suspendida y se eleva sonriente, se eleva hasta rebasar el techo, hasta alcanzar las nubes, blancas como su sonrisa, humo como los cientos de cuerpos que la siguen mirándola bailar, taconear en el cielo, que a cada paso de Erandy se vuelve púrpura y violeta y amarillo. Alrededor de ella el río de siluetas la inunda, la arrastra, la avienta y recupera, remolino de colores, arcoíris de notas, fragancia de caricias y labios que le llenan el cuerpo de agradecimiento infinito. Erandy, desnuda, silenciosa, baila sobre un océano de siluetas un baile de siglos encadenados en sus tobillos, un baile de via láctea y de luces verdes. Baila, compás ininterrumpido, hasta que un dios alado, un coral, un beso y una calma, hasta que los años y sus días y sus horas, hasta que el cansancio y la lluvia, hasta que la música y el cuerpo, hasta que la soledad y el silencio y la resaca y los versos y la muerte misma, hasta el murmullo disidente de la música y de sus pasos, hasta la noche que invade y quema, hasta el centro de todos los cuerpos y sus sombras y sus fantasmas y secretos. Hasta la vida que la lleva sobre sus brazos y la recuesta y la adora y la ama.

Thursday, August 11, 2016


Erandy se sienta en la mesa de un café. Mira el mantel de la mesa, las migajas de pan abandonadas por el comensal anterior, un hilo colgando de la orilla de la tela. Mira pasar los autos de la calle y escucha el sonido seco de los motores que poco a poco se apagan en su mente, donde las migajas y el pedazo de hilo desaparecen hasta mirar nada, que es lo mismo que recordar aquel día donde vio cómo se alejaba en las profundidades de la noche y se perdía, él, ese hijoeputa que no sabe el dolor que causa, que desconoce las lágrimas de Erandy porque nunca las vio resbalar por sus mejillas, rojas, heridas; él, que no sabe que ese camino que toma lo llevará a socavarse tan lentamente, (eso ella lo sabe, pero él no); recordar el auto que la lleva a casa y en el que se abandona a sus lágrimas, donde oculta su rostro del fantasma que se aleja como ladrón, hijoeputa ladrón que no se lleva otra cosa que el alma de Erandy.

Erandy sorbe su café. La espuma quema también, porque todo quema cuando recordamos. De nuevo oye el sonido sordo de los motores y mira, con sorpresa, el andar apresurado de los peatones. Siente cómo le tocan el hombro. -Erandy, vámonos. Le dice aquel hijoeputa que ahora, así de cerca y después de tanto tiempo, ya no le parece tan hijoeputa, porque le sonríe seriamente, tan amable, tan arrepentido, porque le tiende la mano como ofreciéndole el futuro, para que no la suelte nunca y se vaya con él a todas partes, a donde Erandy quiera, porque, a la distancia y después de tanto tiempo, no quiere que ella llore de nuevo, ya nunca más, ya nunca. Y él le toma la mano y la besa y sigue sus pasos y su destino.

Wednesday, August 10, 2016


I
Erandy colecciona momentos, fracciones de tiempo suspendidos, movimientos de danza imposibles para el cuerpo. Los guarda en secreto. Los recuerda cuando camina, los admira sola, cuando se baña y el agua recorre su piel intentado mirar dentro de ella, cuando sus manos se posan suavemente sobre la piel de sus fantasmas y al final del día, ya cansada, los acomoda nuevamente en su lugar, los protege con la almohada y duerme, duerme con el secreto de sus momentos segura, tranquila, amorosa.

 II

Erandy conoce muy bien el sabor de los silencios. Sus labios, expertos catadores, saborean cada silencio que emana de cada beso, de cada sonrisa, de cada segundo. Cada cosa calla a su manera en los labios de Erandy. En las noches de lluvia, cuando la luz de los rayos ilumina la noche, asoma su cuerpo al cielo y bebe el tiempo de las nubes, la historia de los hombres en forma de diminutas gotas y saborea el silencioso mundo de los que han llorado amargas lágrimas de pena, dulces lágrimas de dicha y tiernas, frescas, lágrimas de vida.

Saturday, July 23, 2016


Había una vez un héroe
que nació siendo chiquitito
y como nació siendo héroe
nació con su caballito...
Luis Pescetti

Va recorriendo caminos, va devorando las horas. El niño, pequeño héroe, vence los remolinos. Sueña con sus hazañas, llenas de grandes lances y va sobre su caballo, de crines blancas su caballito. Tiene una espada larga que de madera forjó su padre y abate a los malandrines dando espadazos, hiriendo el aire. Su madre llora porque el destino le dio un guerrero, un héroe niño, un chiquitito que irá a combate. Pero el pequeño seca las lágrimas de su mamita: no llores mami, en mi caballo iré tan rápido que ni las nubes verán mi rastro. Con mi escudo desviaré flechas y volveré para calmarte con la victoria y las canciones de mis hazañas. El niño vive mientras es niño. Cuando sea grande caerá abatido, héroe de héroes, un niño eterno siempre chiquito en las canciones y en los poemas, cabalgando en su caballito.

Tuesday, July 12, 2016

envuelto en el velo de la noche
febril a causa de tu ausencia
ave herida
desde lo alto de las nubes
voy cayendo

en otra noche
parecida al paisaje de un lienzo inacabado de Turner
-vórtice y marea alejada del puerto
alejándome del tacto de tus muslos-

una noche-monte a un abismo
donde miro la tierra diminuta
(allá una casa y otra casa entre sus mundos)

y mi cuerpo, hurta,
cayendo,
agazapado en la rivera de las calles,
los pasos, caricias y los besos
de amantes prohibidos, vagabundos

y me vuelvo un fantasma entre los lienzos de la noche
un fantasma más     más transparente que ella misma,
más nítido, más forma, más etéreo,
más eco de tu voz, sueño nocturno

y caigo
revuelto en las sombras de tu noche
en sus hilos de gritos y susurros
en que te hundes y me hundes y me llamas

Friday, July 01, 2016

Amor de piedra

Camino a tu casa encontré una vía láctea de esculturas nevadas,
no hizo falta que el atardecer las llenara de oro
o que otros retocaran sus brazos caídos o sus pies amputados.
Sus cuerpos postrados y soberbios, invencibles al paso del tiempo,
sus miradas errantes y divinas suplicando y suplicando,
esparcidas, escoltando la vereda, desordenadas.

Grandes piedras taladas desde adentro,
sin corazón latiente,
inmóviles, inmóviles, inmóviles,
insinuando destellos.

En sus cuerpos áureos una diosa esbelta y alta apareció de pronto.
Sus ojos de petrificada alma lanzaron el dardo
y mi corazón herido y apagado y apagado.

En sus ojos tus ojos se abrieron para recibirme,

amada mía, querida Gorgona.

Sunday, June 26, 2016

Historia de dos suspiros

A las 5:45 de la tarde de un jueves de junio, un hombre recordó un amor perdido mucho tiempo atrás. En ese mismo instante una joven rozaba la mano de otro joven. A esa misma hora ambos suspiraron. Sus suspiros, emitidos desde polos opuestos, quedaron suspendidos en el aire, hasta que ráfagas de viento los impulsaron por cordilleras, selvas, ríos y mares. A las 6:05 de una mañana de invierno, los dos suspiros se encontraron a mitad del Pacífico, maduros, como nubes. Sus curtidos vapores se estudiaron mutuamente y al final, y sin poder evitar el movimiento natural de las corrientes marinas, se unieron desatando un tornado de inmensas proporciones. La lluvia que se desplegó por todo el mundo mojó una partitura de Bach que un hombre se apresuró a recoger para entregársela a su dueña, quien, al verlo, reconoció a su amor perdido y, emocionada, suspiró. Esa misma lluvia tocaba, al mismo tiempo, el rostro de un joven que se despedía de su madre que lloraba su partida, y suspiró.

Cuento para no contar antes de dormir

Había una vez un sueño que nadie quería soñar. Todos los días se sentaba a la orilla de la noche a esperar que alguien se apiadara de su condición de no soñado. Pero todos pasaban de largo, como si no existiera. Transcurrieron muchas noches, se volvió viejo y le creció una barba larga larga que apoyaba en las estrellas. Un día un niño lo miró. El sueño acicaló su barba emocionado y bajó de su silla de luna. El acuerdo se dio en un instante. Antes del anochecer afinó su voz y ensayó su escena.

Al siguiente día un pequeñito corría sobre un río de plata, entre árboles de estrellas, con un sueño infinito.

Mujer en el metro

Una mujer camina por el túnel,
sus pasos resuenan, dejan ecos,
traspasan los muros y se alejan,
sus pasos son versos y se sueñan.

La miro alejarse y no me mira.
Al otro lado otros ojos la verán con otros tiempos,
despacio la verán como una chispa,
como una llama alejándose,
como una vela.

Al otro lado será luz, será destello
y sus pasos, sus ecos, su fragancia,
cuando pasen los vagones pregonando,
volverán a ser silencio.

Una mujer se va, se desvanece,
cuando llega el tren ella no vuelve.
Queda, como historia,
el eco de sus pasos en mis pasos.

Saturday, June 25, 2016

Con ganas de llorar acaba el día. Y estoy feliz de haber perdido el miedo. De ser de nuevo yo, imperfecto.

Thursday, June 23, 2016

Se me olvida que tenemos el tiempo contado,
la piel ajena lejana, la vida contada.
Apuramos el cáliz: nos desenterramos.
A la luz de las velas, encerrados,
invadidos de alientos
de otros años que vuelven desarmados y puros,
sin las preguntas amargas ni los juicios errados

[soplos de dioses invadiendo de vida,
estas vidas que luchan y parten]

Me detengo, miro la tierra de tus manos,
busco:
en tus dedos laberintos,
la cerradura
la llave
la puerta
de ese mundo
               inframundo
tic-tac de lágrimas en círculo alrededor de mi espalda

escalofrío de muertos que se desnudan
recordando la vida

Digo que miro tus manos
abiertas como flores
brotando, abriendo,
esperando.
(Ahora sé que nada puede, ni Zeus,
doblegarlas, que nada nadie, ni el sol,
que nadie)

Me embarco en ellas
para recorrer los mares
en que naces y mueres y renaces,
y naufrago y vuelvo,
mar y puerto,
con los labios partidos de probar la sal de tus oleajes,
herido,
prófugo de mí,
saciado.

Invadido de ti desaparece el tiempo;
distante me arrebata los recuerdos.
Las formas que miro se diluyen,
se convierten en tu cuerpo

Y olvido que alguien ha cobrado,
a razón de mi tiempo en tu tiempo,
con oro las horas de las almas,
errantes de nuevo,
moribundas,

desterradas.

Tuesday, June 14, 2016

Un solo momento de quietud, inmóvil
el cuerpo reposando, sin memoria
de otro tiempo, oculto al mundo
visible, vencido, entre tus manos.

Aliento: más ánima que cuerpo.
Rendido, exánime sobre las sábanas,
herido en el oleaje de tus besos.

¡Qué yo regresas al mundo de los vivos,
qué forma tan etérea de mí mismo!

Y nada queda más, (queda el silencio),
y en esa soledad, como un capullo,

crisálida de abrazos me refugias.

Thursday, June 09, 2016

Mírame amor y no me olvides

Mírame amor y no me olvides,
mírame revuelto entre tus brazos
ajeno de mí, enamorado
del brillo de tus besos, de tus brazos,
de tus pechos, tus muslos, de tus labios.
Amor, enamorado de ti, enamorado,
llorando. Lobo gris aullando
a una luna que no alcanza con su aullido,
a una luz que brilla fulgurante
y que toca la punta de la lengua
y sacia la sed
desértica, quemante…

Amor, enamorado,
hasta los huesos, adentro, tan hondo,
absurdamente asiendo lo inasible,
volviendo polvo el verso en tus palabras,
golpe el suave y tierno toque de tus labios,
bruma el basto campo de tu busto,
cielo el brillo sideral de tus pupilas.
Enamorado hasta el delirio,
hasta el martirio,
de la piel que me destierra
tiempo después de haber amado.
Enamorado, mírame, amor, y no me olvides
alma mía, mar de tiempo,
y no me dejes.

Y no me dejes amor,
no me abandones.

Friday, April 29, 2016

Enredadera

Niegas mi soledad enredada en tu muro. Eres de piel rojiza y mis ramas se prenden a tus piedras que forman paredes infranqueables que poco a poco ceden a mi prisión verde que te envuelve, muralla que existe para que exista.
Crujes como quejándote y de nada sirve. Mis brazos te ciñen y te horadan construyendo fronteras ocultas, ensanchando mi reino, devorando tu necedad de piedra.
Eres cada vez más polvo, soy cada vez más tierra.
Goza lentamente tu derrumbe en pie. Vuélvete conmigo rama y hoja. Vuela conmigo de muro en muro. Déjate devorar, no te resistas, ya no.


Wednesday, April 20, 2016


Un poema llamado Origen

Origen
La vista recoge el aire, incierta,
el sol emerge de mis manos pálidas.
Atrás queda la semilla, atrás.
La incertidumbre de la vida llega,
me besa.

Especies
Juego con las sombras de las ramas,
con el eco familiar de los susurros,
danzo con el aire alrededor del mundo,
sobre cada polvo de esta tierra árida.

Jacaranda
El tiempo nos viste de despojos,
nos arropa con harapos.
Con la esperanza de seguir andamos,
con la esperanza de no andar desnudos.

Salix B
Estiré los brazos: desapareciste,
y entre tus fantasmas construí mi vida.
Estiro los brazos: guardo tus fantasmas
y la piel que tocan permanece herida.

Arce Ginnala
Yace un filo ardiente devorando entrañas,
brazas desde el corazón consumen.
Miro el desconsuelo de las ramas,
arrasado el tronco, perforada el alma.

Prunnus
Fue tu casa cristalina fuente.
Antes de que tú nacieras, vida,
ya te amaba.
Y quedó mi nombre perpetuado, eterno,
cuando por primera vez tus lágrimas brotaron,
y al primer latido de tu corazón de niño
se labraron signos de inmortalidad en mi alma.

Quercus Ilex
Los dioses devoran la soledad del hombre,
yo no -ya no- los alimento.
Junto a mí los troncos, cordial compañía,
me elevan al fin entre sus ramas finas.

Lo que fue semilla a la tierra vuelve,
la tierra devuelve lo que al cielo arriba.

Thursday, March 10, 2016

Desde una torre de marfil miro tu andar, tu túnica ceñida a tu cintura, tu mano quieta sin saber de guerras, tu sonrisa que navega lejos en otros mares, tu mirada anclada al sentimiento de no saber que tierras pisas, tu voz perforando los labios del silencio, tus cabellos atando y desatando el aire y las olas de los mares y la espuma de los ríos. Niña mía, mi niña hermosa, eres más frágil en la distancia, más ligera que el vuelo de las aves, más transparente a cada paso más ligera. Toma mi mano, entra a mi casa que se vacía sin ti. Lo que soy se vuelve bruma si te apartas.

...
Nada es más rojo que el reflejo de los ojos anegados de odio y muerte. La guerra trae consigo la desolación de los cuerpos. Entre tus dedos se desvanece mi cordura. No hay trinchera que me libre de este cuerpo que se pudre en el lodo y la bajeza del hombre. Sobre tus hombros florecen los abrazos que otros cortan para su bienestar infinito. Hecho un ovillo me protejo detrás de la tierra cortada por las palas y los picos que minuto a minuto tejieron un mundo de perdición, no quiero subir, el mundo de arriba derriba los cuerpos de tantos y tú tan blanca y sin temerme y yo tan triste sin ti, tan abandonado. Grito tu nombre entre las balas que me persiguen. Nadie me escucha. Tu voz es mi único refugio. Todo alrededor es estridente. Tú callas y sé que no hay peligro. Todo alrededor son ráfagas atravesando las palabras, que se entrecortan, que se pierden, que no significan nada, nada, nada.

 ...
Sé que te agobio con mis delirios, que los días aciagos se revuelven sin encontrar las fechas en el calendario. Ayer llovió tanto que se inundaron los ojos. Permíteme decirte que te amo, es lo único que queda en este desolado valle de vanos lamentos incoherentes. Deja que limpie mis labios con tu nombre. Los días avanzan y te extraño. Los días que se abrazan al día que sigue formando una cadena de interminable tiempo, de días derribados por el hastío y el hartazgo, pero que me llevan a ti. Yo estiro la mano, pero aún el día de volver a verte sigue sin nacer.

 ...
Dios dejó caer su pesada mano sobre esta tierra que no sabe de flores. Mi espalda se queja de esta tierra fría y húmeda, de este barro que no me deja levantar. Las nubes pasan indiferentes sobre nosotros, no saben mirar hacia abajo. Allá se forma una torre blanca como el marfil, quiero subir a ella, mirarte desde allí, mirarte siempre.