Antagonías jónicas hereditarias

Monday, August 22, 2016

Erandy modela cuerpos con el aire. Mueve los brazos al son de la música y el rastro de sus dedos marca siluetas que danzan y la siguen alrededor del cuarto, felices, felices. Erandy se inclina y levanta, salta y el aire la mantiene suspendida y se eleva sonriente, se eleva hasta rebasar el techo, hasta alcanzar las nubes, blancas como su sonrisa, humo como los cientos de cuerpos que la siguen mirándola bailar, taconear en el cielo, que a cada paso de Erandy se vuelve púrpura y violeta y amarillo. Alrededor de ella el río de siluetas la inunda, la arrastra, la avienta y recupera, remolino de colores, arcoíris de notas, fragancia de caricias y labios que le llenan el cuerpo de agradecimiento infinito. Erandy, desnuda, silenciosa, baila sobre un océano de siluetas un baile de siglos encadenados en sus tobillos, un baile de via láctea y de luces verdes. Baila, compás ininterrumpido, hasta que un dios alado, un coral, un beso y una calma, hasta que los años y sus días y sus horas, hasta que el cansancio y la lluvia, hasta que la música y el cuerpo, hasta que la soledad y el silencio y la resaca y los versos y la muerte misma, hasta el murmullo disidente de la música y de sus pasos, hasta la noche que invade y quema, hasta el centro de todos los cuerpos y sus sombras y sus fantasmas y secretos. Hasta la vida que la lleva sobre sus brazos y la recuesta y la teme y la ama.

Thursday, August 11, 2016


Erandy se sienta en la mesa de un café. Mira el mantel de la mesa, las migajas de pan abandonadas por el comensal anterior, un hilo colgando de la orilla de la tela. Mira pasar los autos de la calle y escucha el sonido seco de los motores que poco a poco se apagan en su mente, donde las migajas y el pedazo de hilo desaparecen hasta mirar nada, que es lo mismo que recordar aquel día donde vio cómo se alejaba en las profundidades de la noche y se perdía, él, ese hijoeputa que no sabe el dolor que causa, que desconoce las lágrimas de Erandy porque nunca las vio resbalar por sus mejillas, rojas, heridas; él, que no sabe que ese camino que toma lo llevará a socavarse tan lentamente, (eso ella lo sabe, pero él no); recordar el auto que la lleva a casa y en el que se abandona a sus lágrimas, donde oculta su rostro del fantasma que se aleja como ladrón, hijoeputa ladrón que no se lleva otra cosa que el alma de Erandy.

Erandy sorbe su café. La espuma quema también, porque todo quema cuando recordamos. De nuevo oye el sonido sordo de los motores y mira, con sorpresa, el andar apresurado de los peatones. Siente cómo le tocan el hombro. -Erandy, vámonos. Le dice aquel hijoeputa que ahora, así de cerca y después de tanto tiempo, ya no le parece tan hijoeputa, porque le sonríe seriamente, tan amable, tan arrepentido, porque le tiende la mano como ofreciéndole el futuro, para que no la suelte nunca y se vaya con él a todas partes, a donde Erandy quiera, porque, a la distancia y después de tanto tiempo, no quiere que ella llore de nuevo, ya nunca más, ya nunca. Y él le toma la mano y la besa y sigue sus pasos y su destino.

Wednesday, August 10, 2016


I
Erandy colecciona momentos, fracciones de tiempo suspendidos, movimientos de danza imposibles para el cuerpo. Los guarda en secreto. Los recuerda cuando camina, los admira sola, cuando se baña y el agua recorre su piel intentado mirar dentro de ella, cuando sus manos se posan suavemente sobre la piel de sus fantasmas y al final del día, ya cansada, los acomoda nuevamente en su lugar, los protege con la almohada y duerme, duerme con el secreto de sus momentos segura, tranquila, amorosa.

 II

Erandy conoce muy bien el sabor de los silencios. Sus labios, expertos catadores, saborean cada silencio que emana de cada beso, de cada sonrisa, de cada segundo. Cada cosa calla a su manera en los labios de Erandy. En las noches de lluvia, cuando la luz de los rayos ilumina la noche, asoma su cuerpo al cielo y bebe el tiempo de las nubes, la historia de los hombres en forma de diminutas gotas y saborea el silencioso mundo de los que han llorado amargas lágrimas de pena, dulces lágrimas de dicha y tiernas, frescas, lágrimas de vida.