Antagonías jónicas hereditarias

Saturday, July 23, 2016


Había una vez un héroe
que nació siendo chiquitito
y como nació siendo héroe
nació con su caballito...
Luis Pescetti

Va recorriendo caminos, va devorando las horas. El niño, pequeño héroe, vence los remolinos. Sueña con sus hazañas, llenas de grandes lances y va sobre su caballo, de crines blancas su caballito. Tiene una espada larga que de madera forjó su padre y abate a los malandrines dando espadazos, hiriendo el aire. Su madre llora porque el destino le dio un guerrero, un héroe niño, un chiquitito que irá a combate. Pero el pequeño seca las lágrimas de su mamita: no llores mami, en mi caballo iré tan rápido que ni las nubes verán mi rastro. Con mi escudo desviaré flechas y volveré para calmarte con la victoria y las canciones de mis hazañas. El niño vive mientras es niño. Cuando sea grande caerá abatido, héroe de héroes, un niño eterno siempre chiquito en las canciones y en los poemas, cabalgando en su caballito.

Tuesday, July 12, 2016

envuelto en el velo de la noche
febril a causa de tu ausencia
ave herida
desde lo alto de las nubes
voy cayendo

en otra noche
parecida al paisaje de un lienzo inacabado de Turner
-vórtice y marea alejada del puerto
alejándome del tacto de tus muslos-

una noche-monte a un abismo
donde miro la tierra diminuta
(allá una casa y otra casa entre sus mundos)

y mi cuerpo, hurta,
cayendo,
agazapado en la rivera de las calles,
los pasos, caricias y los besos
de amantes prohibidos, vagabundos

y me vuelvo un fantasma entre los lienzos de la noche
un fantasma más     más transparente que ella misma,
más nítido, más forma, más etéreo,
más eco de tu voz, sueño nocturno

y caigo
revuelto en las sombras de tu noche
en sus hilos de gritos y susurros
en que te hundes y me hundes y me llamas

Friday, July 01, 2016

Amor de piedra

Camino a tu casa encontré una vía láctea de esculturas nevadas,
no hizo falta que el atardecer las llenara de oro
o que otros retocaran sus brazos caídos o sus pies amputados.
Sus cuerpos postrados y soberbios, invencibles al paso del tiempo,
sus miradas errantes y divinas suplicando y suplicando,
esparcidas, escoltando la vereda, desordenadas.

Grandes piedras taladas desde adentro,
sin corazón latiente,
inmóviles, inmóviles, inmóviles,
insinuando destellos.

En sus cuerpos áureos una diosa esbelta y alta apareció de pronto.
Sus ojos de petrificada alma lanzaron el dardo
y mi corazón herido y apagado y apagado.

En sus ojos tus ojos se abrieron para recibirme,

amada mía, querida Gorgona.