Antagonías jónicas hereditarias

Wednesday, August 10, 2016


I
Erandy colecciona momentos, fracciones de tiempo suspendidos, movimientos de danza imposibles para el cuerpo. Los guarda en secreto. Los recuerda cuando camina, los admira sola, cuando se baña y el agua recorre su piel intentado mirar dentro de ella, cuando sus manos se posan suavemente sobre la piel de sus fantasmas y al final del día, ya cansada, los acomoda nuevamente en su lugar, los protege con la almohada y duerme, duerme con el secreto de sus momentos segura, tranquila, amorosa.

 II

Erandy conoce muy bien el sabor de los silencios. Sus labios, expertos catadores, saborean cada silencio que emana de cada beso, de cada sonrisa, de cada segundo. Cada cosa calla a su manera en los labios de Erandy. En las noches de lluvia, cuando la luz de los rayos ilumina la noche, asoma su cuerpo al cielo y bebe el tiempo de las nubes, la historia de los hombres en forma de diminutas gotas y saborea el silencioso mundo de los que han llorado amargas lágrimas de pena, dulces lágrimas de dicha y tiernas, frescas, lágrimas de vida.

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