Antagonías jónicas hereditarias

Friday, October 28, 2016


Hijito mío, hay algo que admiro de ti: tu valor frente a la tristeza de los que viven en los libros. Sé que te entristeces, pero también sé que no lloras. Muy al contrario a ti, desde que leí Pedro Páramo no he dejado de vivir como si fuera los personajes de las historias y sus dolores y alegrías pesan en mi lo mismo que en ellos, es algo que nunca pude evitar. Mi mundo se ha llenado de esas sensaciones que mi alma absorbe y, a veces, el mundo donde vivo me parece un tanto ajeno por unos instantes, hasta que logro habituarme de nuevo a él, como si abriera los ojos en una habitación iluminada después de tenerlos cerrados mucho tiempo, pero ya no es el mismo, tan entintado está de todos aquellos sucesos literarios que me conmueven.

Admiro tu alegría al cerrar el libro, mantenla siempre, pero no dejes de reflexionar aquello que nos muestran las historias de otros, esas historias que no siempre podremos vivir pero que nos enseñan a ser mejores. Disfruta siempre las lecturas y nunca dejes de sonreír.

Te amo hijito hermoso, mi chaparro lindo.

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