Wednesday, May 03, 2006

Me pregunto a estas horas de la noche si mis ojos pueden recuperar el día que se fue cuando te fuiste.
Ese día, manos fáciles bajo la camisa, heridas ciegas sobre la mirada, delgadas, finísimas gotas de tristeza sobre los minutos.
No era el peso de tus pasos en mi espalda, ni el adiós interrumpido por tu silencio, (ese adiós tan seco y sin finales), ni siquiera pensé en los días que serían después de entonces. Fue la suave caricia que olvidaste mientras dejaba a cada paso tu alegría. Y tú, feliz, la recogías.
Ayer pensaba en ti, alegre y desnuda. La penumbra borró de pronto toda imagen. Eras tú en la puerta, en la silla, en la cerveza. Te puedo decir cómo lucías, cómo acariciaba tus muslos mientras te hablaba. La calle no quiso recibirme entonces. La gente se volvió insomne. Mi pensamiento volvió a ti para dejarte de nuevo, para decirte: sí fui yo y no me detuviste.
Las horas pasan mientras miro las letras. Tú alegas demencia mientras callas. Alrededor de nosotros el día se nutre de la ausencia, habitantes de lejanas memorias, inmóviles al fin de la escalera.

7 comments:

Yiara Sofía said...

Bueno, lo que voy a decir pudiera ser mal interpretado en algunos paises latinoamericanos: me volaste la cabeza con ese relato! Que mucho sentimiento, que maravilla de imagen...que excelente!! Sigo leyéndolo y leyéndote. Abrazos caribeños!

no apta para la humanidad said...

Llevo varios días pensando en estos temas. Es increíble cómo cuando una persona está ausente, por las razones que sean, uno siente más fuertemente esa presencia. En este momento estoy sobrecogida por la nostalgia. Recuerdos de aquellas caricias, de aquella risa, de aquel olor de alguien que por muchas razones se fue de mi vida. No hay mucho que hacer. Seguiré pensando en él pero será sólo eso, una ausencia presente.
Me gustó mucho este escrito. Muy vivo y cargado de sentimientos. Excelente.
Saludos desde Puerto Rico!

Anonymous said...

Que triste y penoso es querer regresar el tiempo y sobre todo, tener esas ansias de reconquistar y que la otra persona no lo permita, solo se aleja, quedándose uno con las inmensas ganas de un beso, un abrazo, de un roce que pueda darnos una esperanza y la lágrima queriendo salir y el corazón queriendo llorar.

El tiempo cura las heridas, sobre todo cuando se tienen las ganas de querer curarse. En mi caso de verdad que se la ha llevado con calma (maldita sea) pero creo que me estoy acostumbrando.

Muchos besos.

Anonymous said...

saludos. mal, muy mal. Hay que torcerle el cuello al cisne de enga�oso plumaje... Lee el cuento "Vera" de Villiers de l'isle Adam. Echame una llamada cuando quieras, para tomaros unas chelas.

said...

retribuyo tu visita y te comento que uno siempre cuestiona las probabilidades de esa ausencia, tanto o mas como se cuestionarian las probabilidades en la presencia.

Anonymous said...

Federico tiene frío y está sentado en el río...

No recuerdo exactamente esa clásica lectura de los libros de hace algunos años, creo que era de primer grado de primaria. Así te siento Federico creo que tienes frío.

Saludos y besos.

Anonymous said...

Anónima:

Pareciera ser que sí, que el frío me invade. Pero la verdad es que poco a poco el río hierve. Gracias por los besos.


Ojitos: gracias, bienvenida siempre.