Monday, July 24, 2006
Sunday, July 16, 2006
Thursday, July 06, 2006
Duda
No supe qué contestar. En la tarde la había visto caminando al lado de Rubén y un ataque de rabia y celos se apoderó de mí. Me volví loco y los espié todo el día. Ellos se abrazaron, se besaron, hicieron el amor. Cuando por fin Rubén la dejó en su departamento subí las escaleras y al abrirme le reclamé gritándole, entonces soltó la pregunta y no supe qué contestar.
La pobre sigue con la duda y el puñal en la espalda.
Thursday, June 29, 2006
De Mujer en cuatro tiempos, IV
son la piel de mi rezo,
holocausto, tormenta,
cuando tocas, te beso.
Hablas,
y en desbandada mi cuerpo,
mi sangre,
mis versos.
Tuesday, June 20, 2006
Reincidencias citadinas
Después que Pedro le regalara a Rosita unas flores y de que Rosita, enfadada por el retraso de Pedro, arremetiera a golpes contra él, ayudándose con las flores, y viéndose Pedro sin un arma igual, no le quedó otro recurso, al pobre y asustado Pedro, que defenderse a patadas.
II
Los mexicanos, en ocasiones, somos excesivamente corteses.
Verbigracia: cuando alguien viaja en camión y quierre bajar y alguien está estorbando la bajada le dice: “Disculpe, buenas tardes, sería tan amable, por favor, de darme permiso de bajar. Gracias, Dios se lo pague”.
Cuando en realidad deberíamos decir, sin ser descorteses: “Quítese que estorba, por favor”.
Wednesday, June 14, 2006
Saturday, June 10, 2006
Juan Rulfo
La semilla se ha sembrado junto a las cicatrices de la tierra. Mis ojos son arrasados por los ríos de agua, mis ojos son los ojos de agua que alimentan los ríos que arrasan mis ojos. Bárbara ¿No oyes ladrar a los perros? Su sonido es veloz como la liebre. Han de estar por aquí, buscando luz. De las semillas que brotan de la miradas, se perpetua la imagen y se da la vida. La noche es espesa y las nubes ocultan la luna ¿no oyes ladrar a los perros? Estoy cerca del patio de los que en la hoguera del corazón perecen, estoy cerca de ser un ritual en ese patio. ¿quién dijo que la tierra era nuestra madre? Se equivocaron. La tierra es nuestra abuela no la madre; es la hija, no la madre. Escucha bien, por algún lugar en el cielo se deben de escuchar sus ladridos. No estás cerca de mí pero doblas mi cuerpo, me pesa tu ausencia. El rito esta terminando. He cerrado los ojos y me he recostado en la tierra que piso, tengo el sueño marchito y duro como piedra. Mi almohada se llena de agua del río de mis ojos. No duermo. No te oigo. ¿Respiras? Todavía podemos llegar al pueblo y decirle al señor que carga la leña que tenemos frío, que nos de agua, que nos regale sueño. Mira el monte, allá atrás estábamos hace rato, allá tras el monte comencé a cargar tu ausencia. Allá quedó sembrada tu semilla bajo las cicatrices de la tierra y mis ojos fueron los ojos de agua de los ríos. Bárbara ¿No oyes ladrar a los perros? Si no llegamos juntos llegaré yo. Si llegas conmigo te regalaré tu ausencia. En el día se verán las casas y tal vez no lleguemos a decir nada. Pero si llego solo juntaré tu ausencia en mis manos, la bajaré de mis hombros y se la daré a la tierra para sembrarte. El camino aún es largo. La tierra aún es fértil. Mis pasos suenan huecos mientras avanzo cargando tu ausencia. Las piedras, los ríos, la tierra, quedan sepultados bajo la penumbra de la noche. Y mi grito se pierde en este delirar de montes y de cipreses y de árboles desnudos. Te vuelves más ligera como el viento en mis espaldas. Te nombro y no me escuchas. Bárbara ¿no oyes ladrar a los perros?
Friday, June 02, 2006
De Epistolario (1)
Tengo mucho sueño, me pesa la noche. Los ojos parecen de hierro.
Estoy gozando de una felicidad muy extraña, como si el corazón, de tanto gozo, llorara de tristeza.
Estoy en un estado de aletargamiento o, más bien, de pesadez anímica. Voltear y ver a todas partes resulta incómodo, pero se mira lejos hacia el horizonte.
Pienso. Luego parece que las cosas no encajan en su lugar. Me retuerzo, me envuelvo en mí, me hundo en mis propias manos. Es como si conociera el futuro, como si todo fuera cierto, como si arriesgarme fuera solamente confirmar lo que ya sé. Y sin embargo no me arriesgo. Algo falta: el inoportuno paso del tiempo, la feroz avalancha que me vuelva más valiente.
Hoy de regreso a casa escuchaba música clásica. Y nadie sino yo escuchaba todo. Ni siquiera los carros de al lado, ni la gente que caminaba a pie, ni los alborotados estudiantes con sus ilusas esperanzas de fiesta interminable.
Yo me la paso pensando. Dónde estás, qué haces, en qué piensas. Y a veces pienso también que no es de mi incumbencia pensar en todo esto, y me canso.
¿Por qué cuando te escribo siempre te cuento mis angustias? Será porque la noche invade el pensamiento y entonces lleno estoy de pensamiento oscuros.
Pero también soy predecible.
Es como si me estuviera prendiendo de ti sin querer dejarte. Pero tú no sabes estar detenida en el tiempo. Giras y das vueltas y te enroscas y te mueves y eres infinita. Regálame un pedazo de tu sueño.... Pero entonces pienso (de nuevo): es demasiado. Y me robo tus pasos.
Lo sabes bien, me conoces suficiente. Te lo he querido decir en sueños, con tarjetas llenas de sílabas y palabras inconclusas. Y despierto como ajeno, sin reconocerme. Porque algo pasa cuando te miro, lo mismo que el rayo que ilumina un instante, y esa luz sirve para todas las noches.
Y yo te miro todas las noches ya desde hace tiempo.
Pero soy demasiado predecible, y ya sabrás lo que dicen las letras. Una tras otra, palabra por palabra.
Es de nuevo tan tarde que te regalo mi noche.
Wednesday, May 24, 2006
Eva
El invierno dejaba sus manos sobre mi cama. No había lugar para esconderse. La risa abandonaba el rostro y sólo ella era capaz de decirme, tan tranquilamente, que nunca había dicho primavera. Y el calor se sentía en todas partes. El calor del invierno sobre las mejillas, el frío viento encima de ese sol que calentaba mis manos mientras escribía encaramado en la azotea. Repetía las letras de ardientes canciones que cantaban a sus gélidas palabras, a sus calculados movimientos femeninos, a sus tácticas largamente acariciadas durante todo diciembre.
Mi piel recuerda cada invierno, cuando la luz toca apenas las ventanas y afuera se respira ese hedor de abandono, ese despecho hirviente y aparecen, en los vientos helados de la tarde, las cálidas manos de Eva.
II
Escuchaba cada canto, cuyo cuento contaba cada historia carcelaria de mi corazón que caducaba. Contaba las horas del reloj que, a cuenta gotas, tic-tac, tic-tac, tic-tac. Y yo callaba. Acurrucado en las notas que caían cual collares arrancados bruscamente, rogaba al cielo despejado que quisiera regresarme a esos días, que callados recordaba. Silenciosos. Impasibles.
Pero a cada petición contestaba a mis palabras con más cantos, con susurros que corrían melodiosos por el parque, en el trasporte, hasta el hastío, hasta su casa, hasta su cuarto, hasta la sala, hasta el momento de ese día en que la música culpable, y qué, cada quién sabe qué quiere, menos ella, que ahora calla.
III
Eran rápidos. Los movimientos. Debían serlos. Calculado todo y espontáneo. Una vuelta. Otra. Los ojos que se tocan. Las manos separadas tan de pronto. Juntas y de nuevo separadas. El roce involuntario. El rubor, el sudor, el paso rítmico. La cumbia pegada a su cintura, a sus labios lejanos, a sus hombros. Apresurar el paso y al primer compás la mano arriba, suavemente, tan suavemente, para indicarle el sitio, para que sepa cómo, en el siguiente “oye, abre los ojos”, la vuelta empieza, la doble vuelta, y luego inmóvil, mientras la miro, mientras su brazo sobre mi espalda sigue el impulso, mientras sus muslos repiten “abre los ojos, mira hacia arriba”, y sus tobillos, tan llenos de danzón, tan azules, lentos marcan el tiempo del descanso, el vaivén del abanico.
Quédate Eva, aquí no hay nada sino nosotros, exhaustos. Quédate, no te vayas, estamos listos para el tango.
Wednesday, May 17, 2006
Cuestión de género
Wednesday, May 03, 2006
Ese día, manos fáciles bajo la camisa, heridas ciegas sobre la mirada, delgadas, finísimas gotas de tristeza sobre los minutos.
No era el peso de tus pasos en mi espalda, ni el adiós interrumpido por tu silencio, (ese adiós tan seco y sin finales), ni siquiera pensé en los días que serían después de entonces. Fue la suave caricia que olvidaste mientras dejaba a cada paso tu alegría. Y tú, feliz, la recogías.
Ayer pensaba en ti, alegre y desnuda. La penumbra borró de pronto toda imagen. Eras tú en la puerta, en la silla, en la cerveza. Te puedo decir cómo lucías, cómo acariciaba tus muslos mientras te hablaba. La calle no quiso recibirme entonces. La gente se volvió insomne. Mi pensamiento volvió a ti para dejarte de nuevo, para decirte: sí fui yo y no me detuviste.
Las horas pasan mientras miro las letras. Tú alegas demencia mientras callas. Alrededor de nosotros el día se nutre de la ausencia, habitantes de lejanas memorias, inmóviles al fin de la escalera.
Monday, May 01, 2006
Sunday, April 23, 2006
Pequeñísima reflexión, hace ya muchos años
en este sitio seco?
¿Ritmos robados en una desbandada
la música del eco del revólver,
letras que formen magistrales versos?
Hay mucho más verdor bajo la nieve siempre.
En medio de mi cuarto convertido en cementerio
un epitafio: silencio.
Friday, April 14, 2006
Naranja dulce
Naranja dulce,
limón celeste,
dile a María
que no se acueste.
María, María,
ya se acostó
vino la muerte
y se la llevó.
Naranja dulce,
limón silvestre,
dile a mi amada
que me conteste.
María , María,
no contestó,
vino la muerte
y se la llevó.
Poesía popular
Ronda
(Cántese con el tono de la ronda anterior)
Naranja dulce,
limón silvestre,
dile a María
que no me deje.
María, María,
ya me dejó
se fue enojada
y no volvió.
Dile que vuelva
que estoy llorando
que en esta tierra
muy triste estoy.
Naranja dulce
limón amargo
verano largo
sin ella voy.
Alza tu canto
mi llanto crece,
adiós señora
mi amor le di.
Si estoy despierto
te ruego traigas
collares de oro
plata y marfil.
Si estoy dormido
no me despiertes
que entre mis sueños
la olvidaré.
Naranja dulce
qué pena tejes
limón partido
qué pena va.
Dile a María
que no regrese,
dile a María
que aquí no estoy.
María, María,
mar y partida,
parte del puerto,
no ha devolver.
La muerte llora,
su juramento,
en otro tiempo,
se olvidará.
Tuesday, April 04, 2006
Fragmentos I
y llueven letras al filo de tu risa.
Allá en tu frente el sueño
construye ya la forma
perfecta de la noche.
Sobre tu cuerpo el cuerpo que te explora:
soy un recuerdo oscuro
prendido de tu baile.
Y frágiles mis manos se posan en tu cuerpo:
soy ráfaga fugaz al borde de tu espalda.
Saturday, March 25, 2006
buscando la mirada entre los labios,
y si miro tus ojos veo tus labios
y tus labios se cierran y te duermes;
si besarte es descansar sobre tus sueños
y llevarte de la mano mientras miras
que mis labios en tus manos se recuestan;
si besándote tus párpados se cierran
y se cierne entre nosotros el silencio
y el silencio invade el tacto que oscurece
la mirada febril del que te besa;
si te miro, te toco, si te beso
son tus ojos la carne del deseo
y tus manos los labios que recorren
esta ira de palabras que me enciende.
Saturday, March 18, 2006
Te devolvería el mundo en un orgasmo y en la mañana amanecerías rodeada de galaxias.
Quiero abrazarte mas te niegas y me niegas cerrándote a tu modo. Mas tú sufres pues yo quisiera todo y nada me regresas pues no amas.
Y en vez de recorrerte estoy sentado como un tonto, pensando. No vayas a caerte de mis ojos, no vayas a escurrirte de mis manos.
Pero todo pasado viaja ausente y ni tú ni yo, amor, nos presentamos.
Ahora que es tu cumpleaños estoy solo y tú no abres el regalo que te espera, que se quedará esperando.
Me duele la vida a mí, tan sólo a mí, porque las lágrimas no brotan hoy que debería llorar hasta el cansancio.
Estoy solo porque lo sabes, pero no entiendes. Estoy triste porque me miras y tus ojos se pierden en el vacío; y yo no puedo seguirte, a ti dolor tan mío que no comprendo cómo puedes dolerme tanto sin que comprendas.
Apenas abro, las manos huyen y no puedo atraparte.
Apenas estoy despierto me invade ese deseo de juntarte a mi, y apenas cae la noche estoy tan desierto que no abrevas de mi, tú que un día te saciaste.
Es este dolor el que no entiendes, este infinito amor que tú me causas.
Tuesday, March 14, 2006
He oído a los pájaros luchar con voces, a los truenos despertar miedo en los niños, y me he robado el tibio sonido de tus labios. Pero hoy mis manos han comenzado a fabricar nuevos sueños contigo y los pasos persiguen furiosos las distancias, burlando las distancias que separan tus manos de las mias.
Ayer al despertar me encontré con un extraño que me devolvía la mirada desde un espejo, lo reconocí tuyo y nada hice. Ayer me supe ajeno, porque todo lo quesabía de mi, estaba contigo.
Hoy escucho las voces y los trinos del tiempo mientras en mi cuarto se despejan los sueños y tu voz entra para cortar el cristal de mi silencio.
Tuesday, March 07, 2006
Cuarteta
que pienso en ti tan sólo si deseo,
y tú Adriana te vuelves, yo Teseo,
si te cojo te dejo y quedo sano.