Wednesday, September 24, 2014
El soundtrack de mi vida. Quinto año de primaria
La segunda vez, me enamoré de una chica cuyo nombre era Socorro. Estaba en quinto de primaria y era mi compañera de banca. Cuando se acercaba el 14 de febrero el profesor Regino (un gran maestro, el mejor de toda mi primaria) organizó una fiesta del día del amor y la amistad con todo y baile y Socorro y yo hicimos un pacto: seríamos pareja de baile. No había algo en la vida que deseara más que eso y que me alegrara más que eso. Pero la fortuna es caprichosa y un día el profesor nos hizo jugar azitrón de un fandango con castigo de preguntas indiscretas. Cuando la fortuna quiso que la ronda tuviera su fin en las manos de Socorro, le preguntaron que quién le gustaba del salón. Yo deseé con todas mis fuerzas que dijera mi nombre, pero, al contestar, de sus labios salió otro nombre: Daniel; y yo sonreí y grité con todos los demás compañeros para no mostrar el compungido grito de dolor que ahogué en mi estómago. A la hora del recreo me armé de valor y jugué al Celestino, llevándole todo tipo de mensajes amorosos de parte de Daniel. Al final del recreo estaba devastado.
Ya en el salón, después del recreo, me alejé de ella, de mi compañera de banca, y me fui a penar en solitario, mirando a la ventana, tratando de alejar el amargo momento de mi mente. No podía creer que no hubiera dicho mi nombre, no podía creer que ni siquiera le gustara un tantito, después de todo éramos compañeros de banca, nos comentábamos todo, ¡incluso algunas veces nuestras manos se habían rozado! Era una verdadera desgracia, una pena infinita. Entonces sucedió que Socorro se acercó a mi y me preguntó retóricamente si me pasaba algo, le dije, ocultando mi tristeza lo más que pude, que no, que nada; me preguntó entonces que si recordaba nuestro pacto, que seríamos pareja de baile en la fiesta del 14 de febrero. Eso bastó para recuperar mi ánimo y mi sonrisa.
El 14 de febrero Socorro y yo bailamos durante todo el convivio. Al final rifaron dos muñecos de peluche con una canasta de dulces y frutas y yo me gané un flamingo enorme. Se lo quería regalar, decirle que le daría eso y todo lo que me pidiera, que incluso haría sus tareas. Pero me pareció que al regalarle el flamingo sabría que era yo quien se lo daba y eso, aunque parezca contradictorio, me era impensable. Saqué una paleta de caramelo circular y se la mandé con uno de mis amigos. Cuando nos volvimos a ver en clase, después del fin de semana, me preguntó si yo se la había mandado regalar, asustado, le dije que no.
Desde entonces la quise en secreto. La quise en la fiesta de fin de curso, mientras bailábamos Venecia, de los Hombres G; la quise cuando pasamos a sexto año y nos tocó en salones distintos; la quise mientras la veía pasar junto a mi salón cada vez que salíamos al recreo; la quise mientras le intentaba escribir cartas en inglés para que no supiera que yo la quería; la quise tanto que le hice un collar de conchitas y caracoles que recolectaba de mis visitas a Acapulco y que guardaba como mi tesoro particular y la quise incluso cuando, después de días de hacer su collar mientras mentía a quien preguntara que era un regalo para mi madre, le envié con mi amigo Demetrio (aún era muy tímido, muy cobarde) el collar, bonito collar de mar, y Demetrio regresó contándome que Socorro lo había arrojado al piso diciendo que por qué le regalaba algo si éramos nada y, enojado, mandé de vuelta a Demetrio para decirle a Socorro que era el fin, que las cortara como amigos.
Nunca confirmé si lo que Demetrio me dijo fue verdad. Pero la historia había terminado. Socorro entró a la misma secundaria que yo, pero en su grupo tenía compañeros de clase un tanto traviesos y de cierta maldad adolescente (muchos de ellos terminaron en problemas de alcoholismo y drogadicción), y mi último contacto con ella fue cuando le presté un libro de la materia de Ciencias Naturales que me terminó robando y que recuperé después de un par de semanas gracias a sus propios amigos.
El último recuerdo que tengo de ella es cuando en frente de toda la secundaria cantó el himno nacional con una voz realmente hermosa. Pero los recuerdos más bonitos que poseo son ella bailando conmigo, escuchando esa voz ronca de Xavi cantando la introducción de Venecia mientras nos hacíamos chiquitos hasta explotar con la batería de los Hombres G. Desde que salí de la secundaria no he sabido nada de Socorro.
Wednesday, September 17, 2014
Soundtrack de mi vida. Sexto año de primaria
Recuerdo en particular la voz infantil y femenina de Pablito Ruiz cantando Cachetada y Oh mamá, ella me ha besado, que tanto se escuchaba en la estación de radio que todo cuasiadolescente que se preciara de conocer de música escuchaba para estar al tanto de los éxitos del momento, Stereo 97.7 y su lista de las 10 mejores canciones del momento. Estas canciones las escuchaba mientras Julieta me acosaba y me pedía, nunca entendí si en serio o en tono de broma, que fuera su novio, o algo por el estilo. Yo era un total ignorante y un lelo en eso de los trances del amor y ver que una mujer se abalanzaba sobre mí hasta acorralarme en la pared, diciendo que quería un hijo mío o un caldo, me atemorizaba sobremanera. Pero después de medio año de huir de Julieta un día el valor me invadió, y decidí que si ella quería estar conmigo quién era yo para impedirlo y que en el recreo le pediría que fuera mi novia.
Todo quedó planeado una noche antes. Preparé mi discurso, engolé la voz, ensayé mi postura. Al día siguiente le dije que en el recreo quería hablar con ella, y ella, anticipando el evento, se emocionó tanto que me sentí Pablito Ruiz. Claro que entonces todo el ensayo y valor del día anterior desapareció repentinamente y ya en el recreo decidí que era mejor jugar un rato Policías y ladrones y después hacer lo que me había planteado hacer. Pero Julieta era una mujer decidida y sabía que yo era un niño miedoso, y tomó la iniciativa (que ya se me había escapado) y mientras jugaba se plantó enfrente de mi y me exigió que le dijera lo que le había prometido. Mis manos comenzaron a sudar y mis piernas casi pierden el equilibrio, el discurso preparado el día anterior se me olvidó por completo y lo único que atiné a decir fue "¿novios?", mientras con mi mano la señalaba a ella y a mi alternadamente. Ella dijo que sí y, como era natural, seguí jugando policías y ladrones.
Cuando el recreo terminó y nos formamos ella le conectaba a sus amigas que ya éramos novios y todas se emocionaban tanto que me volví a sentir Pablito Ruiz.
A pocos días de este gran suceso, Julieta perdió interés en mí y comenzó a sentirse atraída por Raúl y yo comencé a sentir celos.Y como ni entendía a Julieta ni sabía que hacían los novios, el noviazgo comenzó a diluirse y, sin que nadie dijera nada sobre romper o cortar, el enlace se rompió, yo dejé de sentir y ella dejó de acosarme. A ella nunca le di un beso, ni en la mejilla.
Aparte de los celos, poco cambió. Yo seguí jugando policías y ladrones en el recreo, pero las canciones de Pablito Ruiz tenían otro matiz y cuando las tardes se nublaban anunciando lluvia, la letra de la canción cobraba cierto sentido. Con el tiempo aprendería que hay más y mejores maneras de decir las cosas, pero en ese momento lo que escuchaba se había vuelto una sensación conocida: cada caricia que daba Julieta a otro, me mataba.
Tuesday, September 09, 2014
Estudio
y titilan ante el trino,
cuán cobardes sus tridentes
que entre dientes nos repiten
maldiciendo nuestras letras,
letras vagas, vagabundas,
que al estero, a trompicadas,
caen cual truenos
y devoran las metáforas sin hilos.
(Los títeres reclaman, mientras tanto,
a los truenos y a los témpanos,
sus trinos).
Conciencia
limpia en cada esquina cuando va de compras
va callada y tímida, con los ojos bajos.
Ayer la surcieron, tiene mil puntadas,
porque la asesina cada siete días
después de la misa, antes del mercado,
y su herida sangra hiel azucarada
y destila en copas culpas agolpadas.
Todos los domingos, cuando cae la tarde,
Don Sastre remienda esa voz cansada
y la ofrece a precio justo en el mercado.
Y regresa a casa amargado y triste,
nadie la compró: pesa demasiado.
Reflexión nocturna 1
Carta 4
Carta 3
Carta 2
Carta 1
Thursday, September 04, 2014
Soundtrack de mi vida (1)
Sunday, May 12, 2013
A Ximenita
dos cachetes
que perece
se ha comido
dos planetas
mientras mami
dormitaba
y soñaba
que le daba
dos luceros.
Cuando Xime despertó
tenía el brillo de la luna,
las estrellas
y del sol.
Sunday, September 11, 2011
Arrullo que no parece arrullo
no quiere dormir.
Mamá le suplica…
la niña Natalia
prefiere reír.
A que llegue el sol
se quiere esperar,
la luna no quiere
no quiere mirar.
La niña, la niña
no quiere soñar.
Envuelta en los brazos
capullo parece.
¿Dormir? ¡Imposible!
¿Y si no amanece?
La niña Natalia
su leche reclama.
Apaguen las luces,
silencio en el acto;
y al primer intento
desata su llanto.
La niña no duerme,
todo fue un engaño.
Corazones por dónde van
Corazones por dónde vienen,
corazones por dónde van,
las niñas no buscan amores
sus amores siempre se van.
Cuando quieren hallar amores
el cielo de rojo se pinta,
sus sueños dibujan jardines
con pétalos y aguatinta.
Con sus ojos cerrados miran,
miran el tiempo pasar,
y el tiempo en sus ojos olvida,
se olvida de caminar.
Corazones por dónde vienen,
corazones por dónde van,
siempre los mismos amores
¡ay! olvidándose de amar.
Desnudos sus pies por senderos,
sus frágiles pies al andar,
al mismo camino regresan
si no las quisieron amar.
Las niñas no buscan amores
sus amores siempre se van.
Al paso del día
de sol y viento nocturnal,
la luz reprende los oscuros
negros brillos, brillos negros, de la mar.
Al filo del abismo se descubre
la mañana en completa oscuridad,
con rocío y nubes blancas recubre,
de sombras y tinieblas, la ciudad.
Amanece. El día avanza.
Se retira (tras de sí las horas largas se destiñen),
bajo el peso cansado de la edad,
canas negras, desvanece,
brillos negros, negra noche, oscuridad.
Sunday, January 24, 2010
Cuando no logro encontrarte regreso a la casa y te encuentro dormida. Yaces bajo las sábanas, tibia, los ojos errantes, peregrina en el Hades.
Al amanecer vuevlo impaciente a perseguirte y cuando apenas un ligero roce de mi dedo en tus manos sucede reconzco los días, esas risas de horas que alegres dibujan tus labios ardientes, esos gritos que ahogan la oscuridad de la noche, los pasos sonoros que cubren las voces de Lorca y Darío.
Y con ese susurro que tu mano me tiende, tu silencio me invade. Y vuelvo a buscarte en la ciudad laberinto, para tocarte entera cuando el día termine, recogido en el vasto silencio que traduce tu cuerpo.
Wednesday, March 25, 2009
Para Adry
Es curioso como estoy aquí, extrañándote. No te he dicho hola en todo el día y siento vacío mi corazón. Y es que el día de hoy llovió sin que nos saciáramos de lluvia. Faltó más aire, más silencio, más encuentros. Me faltó abrazarte, tomarte de la mano, besarte.
¿Por qué los días no tienen tatuado el aire con tu nombre, las nubes con tu rostro?
Caen por todas partes las palabras que han madurado y las levanto para construir con ellas.
Quiero una casa, un bosque, una playa enorme. Quiero entrar a tu cuarto antes que tú y olvidar el día mientras te espero.
Mientras te extraño como nunca apago las luces, me acuesto en al agua y hablo de ti.Friday, November 28, 2008
mientras miraba mi estampa desgarbada, dolida.
Era tarde y perdías
la esperanza tan sólo de una sola mañana
bajo el mismo rescoldo de una noche callada.
Sabías más que yo,
más que mi piel consumida de otoño,
más que yo mismo que enterraba los sueños,
más que los brazos que rodeaban el día
pálido y frío,
perdido,
seco.
Consumía los días para no recordarme.
Y llegaste prendida de nostalgias remotas
preguntando las cosas que jamás te diría
Te burlaste de las cartas en Coyoacán,
de los desayunos
y de las cervezas
que destilaban aromas de viejos alientos
arropando otra vez mi figura perdida.
Llegaste para tropezarte conmigo
para arar cosechando de los frutos ajenos,
arreglando los campos que los vientos frustraron,
para preguntarte mil veces y mil veces saberte,
y saberme y llevarme entre nubes y vientos.
Nada más en la vida hoy asalta tu historia
que se invade de días que repiten el ciclo
en la soledad de tu alcoba
cuando el invierno aparece otra vez de la nada
y te acompaña y se tiñe de carmín en tu cuerpo.
Las preguntas regresan en la aridez de las dunas,
y yo vuelvo a tus manos aunque es tarde y me alejo
y me quedo a tu lado cuando duermes y lloras
Es invierno y no llegas y me abrazas ausente
y me quedo en tus ojos que me limpian y besan.
Friday, October 03, 2008
Otro 2 de octubre que no se olvida
Y ya preparado, me dispuse a marchar del Zócalo a la Plaza de las tres culturas.
Y allí comenzó mi desconcierto, que terminó en desánimo. Iluso yo, pensaba que la marcha serviría precisamente para eso, para conmemorar el día más negro (a mí me lo parecía) de la historia contemporánea de México. Pero cuando ya montados en el camión -que nos transportaba de la UNAM al Zócalo- circulaba por las calles de la ciudad, los insultos de quienes viajaban en ese camión no se hicieron esperar. Insultaban a quienes en es momento salían a comer y tenían la mala fortuna de encontrars en nuestro camino: "Burgueses, huevones, por eso están panzones", entre otras (¿no estarían , entre esos burgueses huevones, sus padres?). Compañeros que en mi vida había visto alterados gritaban hasta desgañitarse. La marcha fue peor. La cantidad de banderas que se anclan a la conmemoración parcen infinitas: sindicatos, huleguistas, maestros...
Total, que del 68, nada.
Y las pintas, los daños en propiedad privada, acabaron por acribillar mi ánimo.
Desde entonces no he vuelto a participar en una marcha.
Ayer de nuevo la historia se repitió: vándalos disfrazados de vándalos arremetieron contra una policía privada de acción. Y es que las libertades que, se dice, fueron ganadas por aquel movimiento de hace 40 años hoy se han tornado una especie de miedo de las autoridades por hacer valer la ley.
Y por más que trato de reflexionar, la pasión me gana. Pero curiosamente no es en favor de los sesenteros.
Y es que si hace 40 años se peleaba por libertades, hoy que se tienen ganadas en mucho y en gran medida ¿qué se persigue?
Si a los vándalos esos se les encarcela, mal: presos políticos. Que les pregunten a los presos políticos de hace 40 años, impregnados de ideologías y esperanzas libertarias, aquellos que eran encarcelados por sus discursos e ideas, si pisaron la cárcel por saquear comercios y golpear policias que no respondían a sus agresiones.
Y es que claro, nada es lo mismo, nada. Pelear bajo la misma bandera sin tener a un Díaz Ordaz o Echeverría en el poder ya no es lo mismo.
Y aquellos "líderes" de aquellas épocas, la mayoría hoy políticos de izquierda, parecen extrañarlos para tener un enemigo y continuar, resentidos, su lucha interrumpida a bayonetas y balazos.
¡Ya!.
Ya se murió Díaz Ordaz. Y Echeverría, a edad tan avanzada, ya no es un "peligro para la democracia y seguridad nacional" como decía ayer, un exlídercillo del movimiento.
¿En qué piensan? ¿Por qué no dejan de vivir en el pasado?
Claro, los entendemos, fue un día difícil, una época difícil. Pero ya es hora de que lo superen.
Mirar hacia atrás nos sirve para mirar en el hoy y divisar y construir, en ese entendimiento, el futuro que queremos. No para vivir caminando de espaldas.
Que la autoridad ya se deje de miedos. Si hay que detener a los que toman casetas y meterlos a la cárcel, adelante. Sus derechos no valen más que el de los otros y si los pisotean argumentando bienes mayores, a la cárcel. Sí: a la cárcel. Porque si no, yo también puedo hacerlo. Que no me gusta mi salario, casetazo; que no me gusta lo que la bandera sea tricolor, a poner barricadas en Reforma, al fin y al cabo nada pasa. ¿O qué, nada más se aplica la ley cuando es uno y no cuándo son muchos?
Ayer viví el 2 de octubre como cualquier otro día, esperando no toparme con una marcha que recuerda con odio cuando ya no hay a quien odiar, con jóvenes que han crecido en un ambiente distinto y que no saben ni pizca de lo que se sufrió hace 40 años, con jóvenes ignorantes que son arrastrados por la euforia de la rebeldía, con jóvenes que arremeten contra la sociedad y las instituciones de las que, paradójicamente, forman parte, lo quieran o no. Esperando, no que no se vuelva a repetir el 2 de octubre, el cual hoy día difícilmente se repetiría, sino que no se repita el vandalismo y la cobardía de los cuerpos policiacos que año con año lastima. Gritando el ¡ya basta! hacia quienes hace 40 años lo gritaban hacia otros y hoy alientan las resistencias civiles como si ellos no fueran parte del poder al que espetan. Esperando que México sea otro, uno que vea en su pasado la razón del presente, y no aquel que vive en el pasado el presente; un México donde los que formamos la sociedad mexicana, jóvenes, estudiantes, trabajadores, profesionistas, políticos, hagan bien y honradamente su trabajo para bien de sí mismos y, en consecuencia, de la sociedad a la que sirven y nutren.
Ayer fue un 2 de octubre que no celebré con marchas ni con mantas ni consignas, como hace 10 años, sino haciendo lo que mejor sé hacer: trabajar.